Bgo en Trento 74

Ya se me ha ido media semana con la tontería y tengo un montón de cosas para hacer todavía. Hoy, además, ha helado bastante por la noche y hacía bastante frío por la mañana. Pero yo soy una tía dura, me he despertado, he desayunado y he ido a coger el bus. Y no he pagado. Cuando me toca al lado de la canceladora, no pago.

Y ahí he estado trabajando como una hormiguita toda la mañana y toda la tarde, sólo interrumpida por el simulacro de evacuación. No ha sido muy apasionante porque el encargado de mi zona es Roldano, que está en mi oficina y llevaba una semana preguntando cosas del simulacro, amen del aviso por email de “cogeos la chaqueta”. Y es que sí, los pobres que no han sacado cahqueta al simulacro casi mueren ahí de congelación. Yo ya he dicho, que en caso de fuego, las propias llamas nos darían calor, pero que para el simulacro era muy conveniente.

Cuando he llegado a casa he visto que había un papelito en mi puerta. ¿Qué sería? ¿La tapa de objetivo que nunca llegó? Estaba casi segura de que era una carta de propaganda de Trenitalia. Así que he bajado a la portería pero sin mucha ilusión. El tío de la portería me ha dado el paquete sin comprobar mi identidad otra vez. Ya le he dado por perdido. Cuando veo el paquete, veo que es la famosa tapa de objetivo extraviada y que tiene escrito “enviado erróneamente a Taipei”. Yo pensando que eran los inútiles de la portería que lo habían perdido y son los de correos que lo han mandado a Taipei. Ahora tengo 3 tapas. He puesto una en venta, a ver si hay suerte.

Luego me he puesto a escribir mi otro blog. Espero que la entrada sobre Venecia se convierta en un referente para los viajeros vascos. Y luego he cenado.

En otras cosas que me han pasado, cabe destacar que el japonés que no habla hoy ha dicho “ciao”. Hemos flipado en la cocina. Y ya es oficial, en enero me mudo de casa. Mi estancia en avenida de Zarauz va a ser la más corta jamás recordada. Hay rollos de una noche que han pasado más tiempo en esa casa. Aparte, sigo sin encontrar a Ming. Podría tocarle a la puerta, pero como tiene horarios raros, lo mismo lo pillo durmiendo. Lo he comentado en la cocina y el resto tampoco lo ha visto estos días.

En la comida, como estaba muy lleno nos hemos sentado al lado de un tío raro pero majo que resulta que habla ladino. Y ahí hemos estado departiendo sobre qué es ladino y qué es dialecto. Yo he llegado a la conclusión de que el dialecto trentino es una cosa intermedia entre el ladino o lengua “alpina” y el italiano, pero es más ladino que otra cosa.

Y diría que esto es todo por hoy. Mañana más

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