Bgo en Trento 73

Cuándo se publicará este post es un misterio. Misterio como el de por qué me falla la autenticación si me conecto con cable, pero no si me conecto con el wifi. Wifi que me llega a la habitación con sólo una mísera raya. Por eso, porque tengo una conectividad sólo envidiable en Haití, puede que tarde en publicar. Pero mientras se me permita, voy a seguir escribiendo. Si no, lo escribo offline y mañana desde el trabajo lo subo.

Total que el viernes fui a trabajar porque el viernes es día de trabajo. Intenté hacer un Skype con Donosti, pero no hubo manera, así que trabajé en otras cosas. Después de comer, cogí mi mochila y bajé al centro. Otra vez, yo quería pagar el bus, pero la máquina no funcionaba.

Por cierto, hoy ha entrado en vigor una nueva regla en los buses de Trento y es que sólo se puede subir por la puerta de delante (regla que he visto saltarse a más de uno) y que el conductor tiene que ver que picas. En dos líneas ya han puesto las máquinas de pagar donde el chófer pueda verlas y también han tenido el detalle de poner la posibilidad de poder comprarle el billete al chófer. En serio, no nos damos cuenta de lo avanzados que estamos en materia de transporte. En las líneas que yo cojo la validadora sigue estando en el medio del pasillo, así que el chófer no se entera de si picas o no. Me esperaba que hoy hubiera picas en todos los buses controlando la implantación de la nueva norma, pero no parece.

Total, que de Trento a Venecia me cogí un Blablacar con una doctoranda de historia medieval, un tío raro que trabajaba en una empresa de no me acuerdo y el conductor, que era estudiante de economía y que se iba de erasmus a León. Me dijo qu ela otra opción que tenía era Burgos y le dije que probablemente ha hecho bien eligiendo León. La conversación fue bastante amena durante el viaje. Viaje que se me hizo un poco largo porque fuimos casi todo el tiempo por la general. Por la autopista tampoco es mucho más corto, pero creo que psicológicamente es menos pesado.

Llegamos a Venecia, nos despedimos y yo eché a andar de camino al albergue. Es muy divertido andar por Venecia de noche, por calles estrechas y vacías. Además el GPS no funciona muy bien cuando se está entre edificios y está gracioso que a ratos salga una simpática voz de tu bolsillo diciendo que se ha perdido la señal del GPS. En serio, la voz del GPS de Google Maps es súper animada. Sólo le falta añadir un ¡yuju! al final de cada frase.

Pero bueno, conseguí  llegar al albergue, que estaba muy guapo la verdad porque era un convento del s. XVII y me puse un rato a descansar en mi habitación. Entró mi compañero de habitación. Mauricio Ramos, estudiante de moda brasileño que estaba de mochilero por Europa (y fliparíais el viaje que estaba haciendo) con una maleta de rueditas (sí, me reí un poco cuando me dijo que iba de mochilero con más ropa que yo para 3 meses en Trento). Me dijo que iba a visitar varias ciudades (como 10 o así) y que acababa en Londres porque quería entregar el portfolio en una escuela de moda super famosa de Londres.

Luego yo salí para el concierto. Llegué a la primera sin perderme ni nada. El Laboratorio Morion es un sitio muy guay, un poco en plan gaztetxe, pero más intergeneracional. Había cerveza a precios razonables y pizza con productos de km 0 (o eso ponía) a precios aun más convenientes. Las mesas eran bastante grandes, así que mientras cenaba se me juntaron un italiano, su novia de ascendencia latina y una colega suya albanesa y tuvimos una conversación muy entretenida hasta que empezó el concierto. Además se fueron juntando colegas suyos y tal y acabamos un grupillo simpático.

El concierto guay, pero no me gustaron las canciones del nuevo disco. Eran rollo música española de los 80 y a mí me gustaba el rollo mediterráneo que se traían. Pero bueno, me lo pasé maravillosamente. La gente flipaba porque os juro que era la única en todo el garito que se sabía las canciones. Hasta hablé con el cantante, pero no le dije que no me gustaban las canciones nuevas, a ver si le iba a hundir en la miseria.

Me retiré nada más acabar el concierto y el sábado por la mañana salí hacia Murano y Burano. Encontrar dónde estaba la máquina para comprar billetes fue ya complicado porque no es que haya muchas máquinas, pero bueno, conseguí comprar un billete de 75 minutos por 7,5€. Visto que sólo tenía 75 minutos decidí ir a Murano y honradamente intenté validar mi ticket, pero la máquina no funcionaba. Así que pensaba decirle al pica que la máquina no funcionaba. Como dato: para montarse al ferry en Fondamenta Nove no hay que pasar una canceladora, por lo que se puede montar sin billete. No vino ningún pica, por lo que tenía un billete nuevo nuevísimo con 75 todavía por gastar.

El ferry que cogí paraba en varios sitios en Murano, pero nos hicieron bajar en el primero. O sea, no pararon de decir Murano hasta que todos los que teníamos pinta de giris nos bajamos. Y Murano, bah, es bastante sosillo y no tiene mayor interés que el de comprar vidrio (algunos bastante feos, por cierto). Pero como tenía tiempo y un billete sin validar (bueno, no sabía fijo si estaba validado), me la jugué y me dije: si está validado me vuelvo, pero si no, me voy a Burano. No estaba validado. Así que tenía 75 minutos para ir a Burano.

Se tarda como media hora de Murano a Burano, por lo que me quedaban unos 45 minutos para ver Burano. Más que de sobra. Me atrevería a jurar que tienen los ferrys sincronizados para que la gente pueda hacer lo que hice yo, ida y vuelta en un viaje. Burano es tan bonito como pequeño. Si me aceptáis un consejo, mejor que vayáis a Burano si sólo podéis ir a uno. Pero os va a costar hacer la treta del ticket único porque son 55 minutos de viaje desde Venecia, así que trae más a cuenta (si no te pillan, y es poco probable porque como es “de turistas” se montan pocos picas) hacer la pifia.

Después de mi tour por las islas volví al albergue porque había quedado con Laura Blanco, que como estaba en Pisa y nunca había visto Venecia, me dijo que se animaba a venir conmigo. Y pasamos el día paseando. Vimos San Marcos, Rialto, los jardines de la Bienal, callejeamos… hasta que por la noche nos tomamos un par de cervezas. La verdad es que como no nos hemos hablado mucho desde que dejamos el colegio, teníamos muchas cosas para contarnos aparte de quejarnos de la vida del doctorando, otra cosa que también nos une aparte de los años pasados en el colegio.

El domingo por la mañana seguimos callejeando, vimos S. Maria della Salute, la súper veleta de la aduana, el barrio judío, S. Marcos por dentro y el museo naval. Por la tarde, llegó el tiempo de despedirse y cada una nos fuimos a nuestro tren. Llegué a casa y como tenía el portátil en la oficina, me duché y me fui a dormir.

Ayer hice todo lo que se hace en un lunes normal y pagué el bus porque se supone que a partir de ayer empezaba lo de pagar al lado del chófer. Lo hice por si había pica estos días para asustar, pero no hubo. Pasé casi todo el día mejorando mi sistema de extracción de expresiones temporales. Y he mejorado un 1 %. Que sepáis que es bastante y que será muy difícil mejorarlo. Creo que también hice más cosas, pero no me acuerdo. Ayer además, Mohamed consiguió el permiso indefinido de residencia, por lo que estamos todos contentos. Ah, y también contesté una encuesta de Lanbide en la que dije que deberían pagar más a los doctorandos.

Luego fui al super y cuando volví a casa descubrí que el internet no me funiconaba con el cable, así que ni os pude escribir ni nada porque el wifi del comedor tampoco es que fuera muy rápido. Así que cené, me duché leí un rato y me fui a dormir. También me cercioré de dejar las toallas en estorbo para que no se me olvidara cambiarlas.

Como consecuencia de ser hoy el cambio de sábanas, me he despertado pronto, he desayunado y he ido a cambiar las sábanas. Y luego he ido al trabajo. Hoy me he dedicado a escribir mails y a anotar la negación.

Lo más interesante de la mañana es que en casa de Manex se quedan 2 habitaciones libres en enero y nos las ha ofrecido a Xora y a mí. Es altamente probable que nos mudemos a esa casa. Aunque tiene cuatro habitaciones, tiene 3 baños y como casa es bastante mejor que la de Xora de ahora. Todas las habitaciones tienen balcón, cosa que en la otra no pasa, el salón es monumental (lo vi el día de San Sebastián del año pasado) y tiene piscina. Perdemos en intimidad o tranquilidad o llamadlo como queráis, pero ganamos calidad inmueble y encima es más barata. Os mantendré informados.

Por la tarde me he reunido con Sara Tonelli para hablar de digital humanities y me ha contado un poco su experiencia en el mundillo. Ha sido enriquecedor. Luego he seguido por Skype la reunión anual de IXA mientras seguía con la anotación de la negación.

Cuando he llegado a casa, he hecho la cama y he comprobado con alegría que el internet funcionaba. Ya me habían dicho por teléfono que era una cosa de los servidores y que lo arreglarían en cualquier momento y ha sido verdad. Y os he estado escribiendo toda esta parrafada. Vale que los tres primeros párrafos los tenía escritos de ayer, pero aún así, he escrito mogollón.

Y también he cenado. Mañana, más.

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