Bgo en Trento 14

Lunes y como buen lunes me ha costado arrancar, pero he conseguido montarme en el autobús. No sólo porque haya llegado a tiempo, si no porque había dentro un grupo de adolescentes con sus profesoras y casi no había hueco. Os juro que he sido la última que cabía en ese autobús.

Los chavales se han bajado en San Rocco. No sé qué demonios puede haber en ese barrio del mal, salvo la subida la Marzola, pero no tenían pinta de subir al monte. Y luego ya, pues hemos ido más holgados.

Por la mañana le he dado las últimas pinceladas a mi artículo antes de mandarlo a corregir. Esto significa que aún le quedan más pinceladas que al Guernica, pero que de momento no se las puedo dar. Y por la tarde me he dedicado a leer sobre la doble negación. Resulta que en castellano, en las oraciones que tienen alguna negación hay que rellenar el hueco de la negación. Y si el elemento que esta negado no lo rellena, pues se pone un no. Tampoco espero que le deis más vueltas al asunto, tranquilos.

Y quería yo andar en bicicleta hoy y por eso he salido “pronto” del trabajo, pero la mala fortuna ha hecho que el autobús 13 de las 17.41 no apareciera, así que espera que te espera, se me ha hecho tarde para coger la bici. Al final he bajado en el 5 y luego ha resultado que justo salía el A. En el trayecto del A he apreciado dos cosas:

  1. El A pasa literalmente por el centro de Trento. Por la mismísima Piazza Duomo. Y se para en absolutamente todas las esquinas.
  2. La gente coge el autobús para recorrer 200 metros y el autobús no hace más que pararse.

Pero bueno, he conseguido llegar a casa y he bajado a hacer la compra. Y cuando he vuelto, me han dicho que el miércoles vamos a hacer una cena todos juntos y que vaya pensando qué hacer. Así que nada, tendré que hacer una tortilla de patatas el miércoles.

Eso me ha trastocado los planes de la semana tanto o más que la ausencia del autobús esta tarde. Así que he pensado rápido y me he ido a poner la lavadora, cosa que tenía planeada para mañana. Mañana bici y compras y el miércoles tortilla. El jueves vuelta a la rutina, supongo.

Total, que ahí me he ido con mi ropa sucia y mi libro y estaba yo plácidamente leyendo hasta que ha venido un italiano a preguntarme a ver cómo secaba yo la ropa. Ya le he dicho que me he montado un colgador en la terraza. Su preocupación era que las secadoras secan poco (ahora me doy cuenta de que tendría que haberle recomendado limpiar el filtro, cosa que nadie nunca hace) y que venía el invierno. Ya le he dicho que de toda la vida de dios yo he colgado en el balcón y que tarda más, pero que se seca. No le he convencido. Le he dicho que se compre un colgador de esos con patas y me ha dicho que su habitación era muy pequeña. He zanjado el asunto diciendo que tiene para elegir entre un día dentro o dos fuera para secar la ropa. No se ha ido nada convencido. También hay que decir que era más raro que un perro verde.

He venido a casa, he colgado la ropa y he ido a cenar. Por el camino he conocido a Shaunak, un indio de la India de los que llevan camisa. Es más, lo he visto y he pensado “Ahí va, hay un sarao elegante en la cocina y yo en pijama”. Parece un tío majo. He reclamado mi media balda de la nevera poniendo mi nombre en una tabla que han pegado en la nevera y he cenado.

He puesto ETB Sat y ha empezado “Amaren eskuak”. He hecho lo mismo que cuando dieron Loreak por la tele. Apagarla según sale el primer título de crédito. Y os he escrito.

 

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