Bgo en Donosti II 92

Hoy el día ha empezado en Bilbao con la firme convicción de que es muy difícil cambiar las rutinas lingüísticas de la gente. Me ha durado la voluntad 7 horas. Así que a partir de ahora me voy a centrar en condicionar las nuevas relaciones que haga.

He desayunado, me he duchado, he cogido la mochila… y he ido al autobús y he dormido. Y al llegar a Donosti me he puesto en la cola del bus para venir a casa y una señora se me ha puesto a hablar. Yo he intentado ser educada, pero me hacía preguntas que no sabía responder: no sé dónde está la Clínica Benegas. Ni repajolera idea.

He llegado a casa, he metido la comida en la nevera, he cogido la mochila de bertsolaritza y la comida y he ido a la universidad. Y me he puesto a trabajar. Ya me he puesto al día con las correcciones de NewsReader. Y luego he estado haciendo cosas de administración como leerme el reglamento sobre vacaciones de la UPV. Creo que en cierto modo tengo que respetarlo aunque me pague Urkullu, pero tampoco sé muy bien cómo. Y he pagado el alquiler y esas cosas.

Y he ido a comer y Dios me ha querido castigar por todos mis pecados con unos garbanzos avinagrados. Así que los he tirado por el retrete y me he comprado un bocata. Ayer no pude comerme ninguno en la txosna del Ibilaldi porque nos quedamos sin género y hoy me he resarcido. Y luego hemos tomado el resol.

Y he vuelto al trabajo, a corregir el artículo. En fin, no he sido capaz de entender muchas de las sugerencias de Arantza. No por la caligrafía, que escribe bastante clarito, pero no he entendido lo que quería que pusiera. Así que he hecho lo que he podido y luego he seguido con cosas de administración como pedir justificantes de pago, pagar el piso…

Y luego he hecho la compra en el Dia semiabastecido de la calle Juan de Garay y luego he ido a la bertsoeskola. Y camino a clase me he encontrado cinco euros en el suelo. Supongo que hasta Dios se ha dado cuenta Hoy hemos cantado unos bertsos de lo más profundos y deprimentes, de esos que le gustan a Jon (y encima eran suyos) y luego hemos aprendido sobre las décimas y seguidillas. Malabares son las décimas cubanas, madre mía. Las seguidillas son muy fáciles (en su versión sencilla al menos), pero el esquema de rimas de la décima es verdaderamente enrevesado si hay que improvisar.

Y luego he venido a casa, he echado unas risas con Mikel y Eneko y he cenado. Y a ver si puedo irme a dormir prontuno por la cuenta que me trae.

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