Bgo en Donosti II 84

Ya estamos a miércoles. Me he despertado, he desayunado, he hecho la comida y he ido a la uni en bicicleta.

Y me he puesto a hacer la presentación de IkerGazte, a mejorarla. Y luego he ido a la reunión con mis tutoras y ha pasado lo que tenía que pasar: Arantza se ha dado cuenta de que no he hecho mucho. Bueno, de que no he plasmado mucho en papel. Yo ya me había dado cuenta hace tiempo, que al 100% desde luego que no rindo, pero alguna vez que lo he insinuado, me han dicho que estaban contentas con mi trabajo. Total, que me ha castigado a trabajar sin descanso en el artículo de los verbos hasta el viernes. Queda gracioso lo de que me han castigado en realidad. Bastante cómico.

Y luego hemos ido a comer y luego nos hemos sentado al sol. Y me he quedado de hambre. Os prometo que desde que corro con esta intensidad, tengo más hambre. Y hoy, cuando nos hemos levantado para ir a la ofi le he dicho a Gorka que volvería a comer. Comer-comer. Pero soy una tía con gran disciplina y una fuerza de voluntad envidiable y me he aguantado el hambre.

Y he seguido trabajando. Dos horas sin parar. Me he dicho a mi misma que hasta no acabar lo que tenía entre manos, no merendaba. Y lo he cumplido. Aparte de que tengo que entregarle a Arantza el viernes más de lo que espera que le entregue. No tengo que quedar bien, tengo que quedar superbien. Y luego he merendado. Mi plan posterior era salir a correr como es tradición los miércoles, pero me han abandonado mis cocorredores y he seguido trabajando una hora más. Y he acabado la presentación de IkerGazte y he puesto unos preciosos esquemitas. Ahora sólo me queda decir lo que tengo que decir en 12 minutos. Así son los macrocongresos.

Y luego he venido a casa y no sé por qué pero he sentido que se me había pinchado una rueda justo al llegar a la cuesta. Y efectivamente, se me ha pinchado. Así que he aparcado la bici mientras pensaba cómo solucionar el asunto. Y me he ido a la compra, sobre todo a comprar papel albal para limpiar la bici y un gorro de ducha nuevo para ponérselo al sillín porque el que tenía se ha roto. Un día estupendo: se me rompe la funda del sillín, me castigan y pincho una rueda.

Y después de andar por un supermercado desabastecido en plan Chernobyl, he ido a preguntar a una tienda de bicis a ver si cambian ruedas. Me han dicho que sí y que si la cubierta está bien, me cobran 11 euros. Mi bici costó 25, pero me da pereza cambiar la cámara yo, así que accederé y pagaré. En Bélgica creo que cobraban menos. Llevaba ya un tiempo planteándome si sería mejor cambiar de bici, pero es que Mathilde ¡tiene bandeja! y creedme que es una cosa primordial en una bici para la ciudad.

Y luego me he venido a casa, he hecho unos macarrones para mañana y pasado y he salido a correr. No tenía mucha voluntad, la verdad. Y tenía las piernas como cargadas, pero he conseguido subir a Berio y bajar sin parar. 36 minutos de carrera continua.

Y he venido a casa, me he duchado y he cenado.

Mañana pintxopote, pero breve, que tengo que estar on fire el viernes. Y a ver si llevo la bici a arreglar.

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