Bgo en Donosti 11

Hoy hacía sol cuando he salido de casa en bici. Al de un cuarto de hora de llegar al trabajo ha empezado a llover. Mekawen la “cambiantidad” del clima donostiarra. Ayer se me olvidó contaros pero están haciendo una zanja en Ondarreta, perpendicular a la playa y para eso han cortado 100 metros de bidegorri. La zanja, un metro; el perímetro de obras, 10 metros tirando por lo alto; distancia entre vallas, 100 metros. Con esto se confirma mi teoría de que en Donosti se pasan de precavidos a veces.

Y hasta las once he sido sorprendentemente productiva. Porque tenía reciente lo de la reunión de ayer. Y luego hemos ido a la tesis de Mikel Iruskieta. 3 horas de tesis. 3 horas. Mikel lo ha hecho muy bien y se ha ceñido al tiempo. El turno de preguntas, por contra, ha sido… largo. Luego hemos tenido el lunch. Bien. El típico lunch de infor.

Volver a trabajar a la tarde ha sido más duro, pero lo hemos hecho también. Y luego me he empapado. Ha llovido lo inllovible mientras volvía a casa. He llamado a la agencia que gestiona los viajes de Fagor Arrasate a ver si nos hacen una buena oferta, pero ha dado tres veces comunicando, he llamado a mi oficina para que me escanearan los deberes que me he dejado. Menuda cabeza que tengo, pero es que sólo de ver la que estaba cayendo, me he aturullado.

Y a francés he ido en autobús. Y sin cinturón. Cinturón de pantalones digo, pero es que de casa he salido corriendo también. Y en francés pues bien. Volver he vuelto andando sujetándome los pantalones. Y luego me he puesto a recoger la ropa y así porque hoy tampoco he salido a correr. Que sigo teniendo mocos.

Y nada más. He cenado MAZO lento (adverbio de cantidad que al parecer ya no se usa según mis compañeros de trabajo) porque tenía la tripa un poco pallá. Que me ha empezado a molestar cuando he llegado a casa y mientras cenaba se me ha pasado. Creo que ha sido el chorizo, no sé si del lunch o del bocata de la merienda (que el paquete llevaba abierto desde que vine a Donosti).

Y ya tengo disfraz. La idea por lo menos. Mañana voy a ir al todo a cien a comprar los materiales. Ya veréis.

Y la leche que ayer sabía rara, efectivamente, hoy olía a mil demonios. Cortada no estaba, pero eso era hórrido. Así que la he tirado por el váter y he cogido otro brick. Seguro que Pedromari está pensando “oh, qué sabia es mi hija”.

Mañana más.

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