Bgo en Namur 109

Y esta serie de posts termina igual que empezó, desde un motel de Orléans. El mismo motel para más inri. Y el viaje ha sido similar, misma temperatura, mismo tiempo, mismo camino. Repostar en la misma gasolinera, comprar en el mismo supermercado y cenar en el mismo McDonalds. En realidad la elección del motel no fue aleatoria, estar cerca de una gasolinera con super 95 a 1,55 euros en Francia es una razón de peso para elegir alojamiento.

Pero bueno, el lunes por la tarde comenzó la recogida de la habitación. Fui al super a comprar cosas que me habían pedido/ quería llevar a Bilbao; no me llaméis cutre, en mi casa preferimos unas cervezas a una figurita con forma de Manneken pis. Cogí casa ara ir metiendo cosas e hice parte de la formación que tengo que hacer online antes de ir a Polonia. Son 5 temas y tienen examen, los 3 primeros los aprobé a la primera, pero ayer suspendí el cuarto y sólo me quedan 2 oportunidades para aprobarlo (pero creo que lo conseguiré). Si lo penco, me echan del programa, sólo os digo eso.

Y a las 8 quedé para despedirme de la gente. Llegué tarde al bar porque conozco la puntualidad de los españoles en Namur, pero nunca pensé que podía llegar a esos límites. El primero en llegar fue Fran (y menos mal) y en la siguiente hora y media fue viniendo más gente. Y bebimos cerveza y comimos pipas.

El martes también di clase, cantamos y comimos tortilla de patata y por la tarde un chico me ayudó a meter la bici en el coche porque no tenía nada que hacer (o eso me dijo), seguí recogiendo, hice la última tortilla, cené, llené el depósito del coche y le di la herencia que le correspondía a Fran y hablé con mi padre antes de irme a dormir.

(Ya me vais a perdonar la brevedad de mis descripciones, pero es que estoy escribiendo en una postura un poco rara y encima estoy viendo Gomorra por la tele, la película, no la ciudad bíblica)

Y hoy me he despertado, he dado mi última clase, los alumnos se han portado sorprendentemente bien (y se lo he hecho saber a Deborah), he vuelto a casa, he acabado de recoger todo, he barrido, he hecho el état de lieu, Pierrick me ha pagado y me he ido.

Y por la carretera pues normal (Atención, va chiste para euskaldunes), he pasado por el primer peaje de Francia si se entra por Valenciennes (o algo así), peaje que se llama Hordain. Lugar también que aparte de delimitar un tramo de pago de autopista, delimita también el buen tiempo, ha sido cruzar el peaje y mágicamente se ha nublado el cielo completamente. He comido en un área de servicio, me he comido un atasco en París (aunque podría haber sido bastante peor) y he llegado sin perderme a Orléans.

Mañana haré los kilómetros que me quedan hasta Bilbao y me despediré definitivamente de mi aventura belga. No esperéis que vuelva al reino de Alberto en unos años más que para hacer escala en algún vuelo internacional, ya he tenido suficiente frío y mal tiempo. Y el domingo comenzará, si todo va bien y tengo conexión a internet la serie Bgo en Gdansk en la que intentaré relatar con el máximo detalle los entresijos de mi vida en la Venecia del Báltico (o algo así).

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