Bgo en Namur 98

Pufffffff la cantidad de cosas que tengo para contaros:

El viernes no trabajé y procuré levantarme tarde, pero no hubo manera. A las 9 ya estaba yo en pie y para las 10.30 estaba ya preparada para salir a la calle. Mi idea era ir a leer aprovechando que había sol. Pero sólo pude leer durante media hora porque el sol se fue, hacía bastante viento y unas nubes negras se pusieron sobre mí. Así que me volví a casa y, efectivamente, en cuanto llegué al cuarto empezó a llover como si no hubiera llovido nunca. Y yo seguí leyendo en mi cama tranquilamente.

Luego comí y por la tarde, entre varias actividades ociosas, escribí un email a la coordinadora de mi máster del año que viene sobre el proceso de prematrícula. Espero recibir una respuesta esta semana. Y luego hablé con mi querida familia y con Fran por Skype y a las 10 apareció en mi casa Isaac a quien tenía que dejarle el coche para que fuera a buscar a sus 4 amigos al aeropuerto. Le expliqué cómo funcionaba el coche y luego me volví a casa a cenar y a esperar que me devolviera el coche.

Cené, vi unos vídeos de Les Luthiers para pasar el rato e Isaac me llamó para decirme que ya me había traído el coche y a ver si salía con ellos a tomar algo. Y abrí la puerta y tenía 6 sevillanos esperándome: Isaac, sus cuatro amigos y Parrado que los encontró por la calle. Y nos fuimos al Havana a luchar por un poco de sitio para tomar una cerveza y bailar. Y hasta las 2.30 o así estuvimos, técnicamente hasta que yo dije que me iba y nos fuimos todos.

El sábado intenté levantarme tarde, pero no mucho, porque tenía que cambiar de sitio el coche y quería darme una vuelta por el centro. Cambié el coche de sitio y me di una vuelta por el centro en la que me dieron un trozo como de croissant (o como se escriba) y vi una exposición que han puesto sobre todo lo que van a hacer en Namur para modernizar la ciudad. He decidido que volveré en 2020 cuando hayan revitalizado el centro, hayan construido una pasarela sobre el Mosa, hayan acabado de arreglar la ciudadela y hayan hecho la nueva estación intermodal. Si es que parece que me oyen los belgas cuando digo que Namur es una mierda, que no tiene vida y que no es especialmente agradable para pasear (salvo el río, eso está bien).

Y luego comí y estuve haciendo nada hasta que llegó la hora de coger el tren para ir a Bruselas. Es que teníamos cena de auxiliares a la que se supone que había que ir con algo en la cabeza. ¿Y quién fue la única con algo en la cabeza? Yo, que llevaba mi borsalino marrón. Total que me monté en el tren y me puse a leer y, como casi siempre, me dio pena que se terminara el trayecto porque iba muy a gusto.

Y fuimos a un garito que se llama Caves de Cureghem, o sea, una bodegas reconvertidas en sitio para conciertos y así. Y cenamos, que venía incluido en el precio, muy bien, consulté un oráculo italiano, casi pierdo la cámara de fotos (que me había dejado en el oráculo) y bailamos al son de música gitana, música judía y música africana. Todo muy alternativo. A mí la música africana pues como que no, pero el resto me encantó y me lo pasé pipa. También nos sacaron fotos los socialistas belgas, así que no os asustéis si veis mi cara en uno de sus folletos que fijo que implícitamente firmamos una cláusula por la que les vendíamos nuestra alma. Y todo tan alternativo, tan alternativo, que llevar un borsalino era lo menos alternativo, había un 10% de gente con sombrero, gafas de pasta y camisa de cuadros. Yo inclusive.

Luego salimos, me comí unas patatas a las que me invitó el chico del kebab que había vivido 4 años en Bilbao y nos fuimos al tren. Y en el tren  muy a gusto también, medio dormida. Y he venido a casa y me he puesto a dormir otra vez.

Y luego me he despertado, me he duchado y me he lavado el pelo, he ordenado mi cuarto, he comido la media tortilla de patata que me sobró de la comida de ayer (la hice en vista de no tener que cocinar hoy) y me he puesto a ver la fórmula 1, pero se han caído todos los canales y me he quedado sin verla.

Luego he ido a la lavandería, he acabado Cien años de soledad, que al final me ha gustado mucho, al mismo tiempo que se terminaba la secadora. He venido a casa, he colgado la ropa y me he puesto a preparar las clases de mañana.

Y nada más de momento. Al final o no era tanto lo que os tenía que contar o se me están olvidando unas cuantas cosas.

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