Bgo en Namur 94

Estimados lectores, aquí tenéis una nueva entrega de mis aventuras en el extranjero, salvo que esta vez no empiezan en el extranjero.

He empezado el día, aunque el día en sí no había empezado porque no eran ni las 6 de la mañana, haciendo la buena acción del día: he devuelto el ordenador portátil a un chaval que se lo ha dejado en una de esas bandejas en las que dejas las cosas para pasar el control de seguridad. Yo esperaba que se arrodillara ante mí y me besara los pies con lágrimas en los ojos, pero su reacción ha sido bastante menos efusiva. Es la pedazo de buena acción, así que espero que el karma me recompense con fundamento (los 20 céntimos que he encontrado no me parecen suficiente recompensa, espero algo más intangible como que me acepten en lo de Polonia y lo de Londres, que también he pedido).

En el avión, bien, esta vez no ha salido humo de ningún motor como cuando fui a Bilbao y he podido desayunar mis napolitana, leer mi libro y dormir. También he hablado con los señores de al lado a los que les he dado unas indicaciones para que les fuera más fácil coger su siguiente vuelo. He de decir que los belgas tienen un sentido del tiempo atmosférico un poco peculiar, el piloto nos ha dicho que había “brouillard” y 3º y en cambio había una niebla con la que no se veía a más de 50 metros y unos 8º. A todo esto, el aeropuerto de Pamplona está cerrado por niebla la mitad del año y visto lo bien que hemos aterrizado y que no había casi vuelos con retraso en Bruselas, he de decir que los navarros son un pelín exagerados, no creo que haya tanta niebla siempre como la que he tenido yo hoy.

En el aeropuerto he cogido la maleta, he comprado la puñetera tasa de 2,10 euros que te hacen pagar por una vía que nunca vas a usar y me he montado en el tren al más puro estilo Indiana Jones. En el tren no ha ocurrido nada mencionable y después me he bajado en Bruxelles Nord y me he cambiado de andén. El 29 de marzo las escaleras mecánicas que suben a los andenes 6 y 7 estaban rotas. El 14 de abril también. Menos mal que mi maleta sólo pesaba 11,5kg.

En el tren la pica no se aclaraba con mi billete, no me creo que nunca haya tenido que picar uno igual, la verdad. He hecho 3 veces la misma cosa y ninguna vez se ha sorprendido el revisor, pero ésta… no sé, tampoco parecía muy inteligente, la verdad. Y he seguido leyendo a falta de algo mejor que hacer y para no quedarme dormida y saltarme la parada.

En Namur hacía relativamente buen tiempo y he ido a casa mientras el sol calentaba mi espalda (sí, hace mejor tiempo que en Bilbao y supongo que ahora estaréis poniendo la misma cara que Pierrick cuando se lo he dicho). Y he llegado a casa y me he metido a dormir, básicamente. Es que esta noche sólo dormí 3 horas y no iba a aguantar ni loca todo el día. Hombre, poder, podría, pero no me daba la gana. Al mediodía me he despertado y he comido, he fregado los platos, he empezado a organizar mi viaje de verano a Benidorm (sabéis que lo adoro), me he duchado y he ido a hacer la compra. En el super he comprado unas cuantas cosas, he maldecido el precio del super 95 (1,639) y he merendado unas galletitas de las bandejitas de muestras. Y luego he vuelto a casa, he ordenado las cosas de la maleta y listo.

Esta noche quedaré con los erasmus para que me cuenten su viaje a Budapest y tomar algo.

De momento, nada más. Mañana, si cuadra, os volveré a escribir.

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