Bgo (back) en Manchester 114

Ay si la vuelta a Manchester hubiera sido tan fácil como la ida. A la ida me monté en un bus a la estación, estuve esperando al tren, me monté en el tren y leí el periódico y comí y me preparé para salir rápido del tren para que no me ocurriera como la anterior vez, salí a tiempo del tren y llegué sin problemas al aeropuerto de Birmingham. En el aeropuerto eché una meadilla, pasé el control en el que me hicieron descalzarme (para variar), pité, me cacheó una fea y luego me senté a esperar a que pusieran la puerta de embarque de mi avión. En la cola de embarque me encontré con Nazaret y fuimos juntas todo el viaje hasta Biarritz. Luego dos horitas de coche y listo, otra vez en casa.

La vuelta en cambio ha estado salpicada por un porrón de cosas inusuales, entre ellas la explosión de un volcán de nombre impronunciable. Ya en el aeropuerto de Loiu una petarda me decía que mi maleta no era equipaje de mano. ¡Y un cuerno! Si mi maleta, a fuerza de presionar en el cajón, entra en el cajón es que respeta las medidas. Aparte de que creo que aunque dejan llevar unas maletas de las mismas dimensiones el cajón de Vueling es más pequeño que el de Ryanair. Luego resulta que voy a la cola de embarque y allí había gente con tres bolsas o maletas más grandes que la mía y nos dejaron montar a todos sin ningún problema. Osea, que la petarda esa me hizo pasar mal rato para nada. A todo esto, el vuelo era a Amsterdam.

En Amsterdam todo está escrito en inglés, no hay ni media palabra en holandés. Yo ya pensaba que me había equivocado de avión y todo (y no me extrañaría con todo el empeño que pone Vueling en respetar las normas, véase lo del equipaje de mano). Ya que me da un poco de pereza escribir mis experiencias en Holanda, voy a enumerar cosas que me resultaron curiosas:

  1. El dominio del inglés de los holandeses.
  2. Que no son amigos de las tarjetas de crédito y tienen una especie de tarjetas monedero que recargan.
  3. Que te cobran 50 céntimos por sacar un billete en una ventanilla de la estación (menudos hurones).
  4. La increíble calidad y comodidad de los trenes (que están hechos a tamaño holandés, por lo que para mí eran como asientos de primera clase de Qatar Airlines).
  5. La inmensa cantidad de pastos y total ausencia de colinas.
  6. Que la mayoría de las bicicletas tengan los frenos en los pedales y que no tienen marchas.
  7. El tamaño medio de las bicicletas y la cantidad de las mismas (yo creo que hay más bicicletas que personas).
  8. Que el holandés (idioma) se parece muchísimo al alemán.
  9. Lo buenas que están las bitterballen (croquetas holandesas).
  10. Lo silenciosos que son los holandeses (no digáis que sólo los españoles e italianos son bulliciosos, porque los ingleses también tienen telita, pero es que lo de los holandeses es una pasada).
  11. Lo caro que es el correo postal: 0.44€ un sello a los Países Bajos (y sólo tienen que mover la carta en una extensión parecida a Cataluña) y 0.77€ a Europa (en España es 0.64€).
  12. Ese sistema absurdo de pagar el transporte público que tienen. Bueno, absurdo no, pero obsoleto es un rato. Eso de que te pongan un sello en una casillita parece decimonónico, la verdad. Y sí, es jodidamente caro.

Y ya os iré contando si me acuerdo de más, porque sé que hay más cosas, pero no consigo acordarme.

Mi viaje de vuelta a Manchester, como podréis deducir si no lo sabíais ya, se vio modificado por el volcán. Así que me quedé sin vuelo de Eindhoven a Londres y sin bus de Londres a Manchester y tuve que coger un ferry para llegar a la isla. Mi trayecto fue así: el lunes salí de Utrecht hacia Hoek van Holland (que sí, escriben “van” pero dicen “von”), para ello fui de Utrecht a Rotterdam y allí cambié de tren para ir a la terminal de ferrys en Hoek van Holland. Facturé mi equipaje (el equipaje de mano que te dejan meter si eres peatón es de tamaño irrisorio) y me fui al barco a coger sitio. Cuando el barco empezó a moverse salí a hacer fotos del puerto (tradición familiar) y me volví a meter a la zona común cuando la cámara se me quedó sin batería. Pasé 6 apasionantes horas en el barco, comiendo, durmiendo, leyendo, escribiendo y jugando con el móvil hasta que llegamos a Harwich que es un pueblo totalmente desconocido y pequeño que está cerca de Colchester (que suena como más conocido).

Normalmente cuando vas en barco con el coche te bajas del barco sigues las indicaciones a una rotonda con el sentido de giro claramente señalado y ya eres libre. Si eres peatón tienes que pasar por la aduana. Y ahí estaba yo en la aduana de la frontera inglesa cuando al chequear mi pasaporte el tío de la garita llamó a una policía y le entregó mi pasaporte y me dijo que siguiera a la policía. Y la policía me dijo que me iba a hacer unas preguntas. Y me empezó a preguntar que a ver qué hacia en Inglaterra y me empezó a mirar los billetes y a hacer preguntas sobre ellos y yo le respondí que estaba de intercambio por un año en la universidad de Manchester y que mi plan era volver el día anterior, pero que el volcán no me dejó y a ver si pasaba algo, que yo era europea y que era la primera vez que me pasaba que me hicieran preguntas. La tía me dijo que a veces hacían preguntas a la gente y luego se fue con mi pasaporte a un cuartucho. Cogí mi equipaje y fui a buscar a la policía para que me diera mi pasaporte y otra policía me acompañó, me lo devolvió y me fui. También vi que estaban haciendo preguntas a otra chica que en el barco me pareció que hablaba con acento español. Este último hecho me llevo a preguntarme si en las últimas horas no había empezado una guerra entre Inglaterra y España. De todas maneras, quizá escriba a la embajada española para preguntar por mis derechos y esas cosas, no para emprender acciones legales contra la policía inglesa, si no para conocer mis derechos.

Luego cogí un tren y luego otro. Y ahí ya me empecé a sentir mal. Fui por el camino con una pobre señora peruana que apenas hablaba inglés y le fui diciendo dónde teníamos que bajarnos para hacer transbordos y esas cosas. En Londres me despedí de ella y me fui al metro. La verdad es que lo estaba pasando mal con esa querida gastroenteritis que me había aparecido horas antes (ya en el ferry pensé “uh, más vale que esto sólo sea por el frío, porque si tengo que ir hasta Manchester con gastroenteritis, mal vamos”). Me bajé en Victoria Station y fui al baño. Sólo había dos baños accesibles (sin bajar escaleras) y uno estaba averiado y el otro ocupado. Y estaba yo ahí esperando y del baño ocupado salió una yonki, que la verdad es que no sé que hizo dentro del baño porque la verdad es que estaba todo muy limpito.

Luego fui a la estación de buses y no había manera de comprar billetes, así que por casualidad vi que salía un bus a Manchester y fui a ver si me podía vender el chófer un billete. El chófer me dijo que teóricamente estaba “fully booked”, pero como luego se demostró que no, me vendió un billete y me dejó montarme. En el autobús intenté dormir sin resultado tratando de mantener calientes la tripa y los riñones. Tarea imposible teniendo en cuenta que el aire acondicionado estaba encendido y que no había manera de anularlo del todo. El autobús paró en todo pueblo de más de 10.000 habitantes entre Londres y Birmingham y juro que fue hasta Manchester por carretera nacional. En Manchester fui directa a un taxi y le dije que me llevara a casa y eso que ya funcionaban los buses, para que veáis lo mal que estaba que no era capaz de ahorrar.

Me metí en la cama y puse la alarma para despertarme para ir a la uni. Pero cuando sonó la alarma no estaba yo en absoluto en condiciones de ir a la universidad. Me duché y me puse a beber Red Bull a sorbitos y llamé a la médico (que estaba de vacaciones y la enfermera me dijo que otra médico me llamaría). En inglés no existe la palabra gastroenteritis (o al menos no la usan), a Helen casi le da un pasmo cuando le dije si conocía la palabra porque pensaba que yo tenía algo muy grave. La médico que me llamó me dijo que tenía un virus (por lo que mi diagnóstico era correcto) y me dijo que estuviera 48 horas descansando y cerca de un retrete. Y aparte de bajar al supermercado a por arroz y Pepsi básicamente eso es lo que he hecho estos 3 días.

Hoy me he atrevido a ir a la uni para no perder más clases aunque aún estoy muy débil (ayer me puse fatal cuando tuve que llevar la colada a/de la lavandería). Desde ayer ya puedo hacer esfuerzo intelectual, pero ya os digo que el mínimo esfuerzo físico me sienta bastante mal. Ayer y hoy he estado trabajando en el proyecto de ExpPhon y me he descargado los apuntes de las clases a las que he faltado.

Y ya ha llegado Julene, así que es de esperar que después de que se eche una siesta vendrá a visitarme.

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