Bgo en Dublín (Manchester) 42

Y tras una paradita para comer sigo escribiéndoos a ver si termino ya de contaros lo de Dublín y me pongo al día, que ya llevo 3 días sin contar acumulados. Os recuerdo también que la crónica de Dublín empieza en la entrada 39 y que en la 41 hay concurso.

Bueno, el miércoles a la maña nos despertamos a las 8 porque Ariane tenía universidad a las 9 de la mañana. Me duché y medio hice la maleta para adelantar tiempo para la tarde. Decidí desayunar en el centro, porque vosotros me diréis qué hacía yo a las 9 de la mañana en medio de Dublín. Así que cogí el autobús y me volvía bajar en St. Stephen’s Green y fui hacia Grafton Street. En Grafton St. vi que en una tienda ponía que te daban una bebida caliente y un bollo o semejante por 3.50 así que fui allí y pedí un chocolate y una magdalena de chocolate y después me fui a desayunar al parque. Camino del parque probé un poco del chocolate y me quemé la lengua cosa mala, qué dolor. Primero me comí la magdalena mientras un montón de palomas me miraban con cara de vicio. Al terminar la magdalena, que estaba mazo buena, tiré el envoltorio metiod en las bolsas de papel en las que me la habian dado en la tienda y para cuando me quise dar cuenta las palomas habían sacado de la papelera las bolsas de papel y el papel de la magdalena y estaban picando las migas justo debajo de mi banco. Y me tuve que cambiar de sitio, no fuera que las palomas me fueran a cagar encima, que por lo menos había unas 50. Y me fui con mi chocolate aún extremadamente caliente hacia el museo de Guinness.

Sé que podría haber preguntado en qué autobú se iba al museo, pero como era pronto y no estaba cansada me fui andando. Tardé unos cuarenta minutos en los que me perdí y aparecí en el río y tuve que desandar 500 metros y empezó a llover cuando ya me acercaba al museo. Una vez dejas atrás St. Audoen’s Dublín se convierte en una ciudad un poco decadente digamos, vas entre casas obreras y almacenes y fábricas de ladrillo que poca función tienen hoy. Y entre lluvia y viento llegué a la antigua fábrica de Guinness.

En la entrada sorprendentemente no me pidieron el DNI, sólo el carnet de estudiante. Tampoco me pidieron el DNI en el laboratorio del sabor y en el Gravity bar, será que ya aparento los 18. Y entré y las audioguías eran gratuitas, así que me pedí una. Y me dijo el hombre que las daba: “Italiano?” (nótese, que no pongo la interrogación inicial porque en italiano y en inglés no se pone) y yo; “no, Spanish, please” y entonces fue y me dio una guía que ponía “instruzioni”. Le dije que eso era italiano y me la configuró para que sonara en castellano y me explicó como funcionaba y me dijo que empezara la visita en el círculo central en el que está el contrato de arrendamiento de 9.000 años de Arthur Guinness. Ya sólo quedan 8.750 años, así que habrá que ir mirando otro local (típico comentario de los lectores de la edición digital de 20minutos, ¿me votarían a favor o en contra?).

Después de ver el papel aquel pasabas a una sala en la que te enseñaban los elementos que se usan para hacer la cerveza: cebada, lúpulo, levadura y agua y es que el agua de Dublín sabe un poco a cerveza en realidad. Luego te enseñaban el proceso de elaboración y luego te daban a catar un chupito de cerveza en plan enólogo profesional: fijándote en el color, el olor, el sonido… apasionante, vamos. Luego ya pasabas a lasplantas menos interesantes que te enseñaban las campañas publicitarias, los deportes patrocinados y los efectos del alcohol en el cuerpo humano. Yo hice un par de preguntas del test y me parecieron mazo fáciles, pero la pareja que estaba en el ordenador de al lado fallo las dos que les vi responder. No me extraña que cierren los pubs tan pronto y el alcohol sea tan caro.

Luego me subí al Gravity Bar y vi que llovía a cascoporro. Me tomé casi una pinta de Guinness entera mientras sacaba fotos de la ciudad, es que el edificio de Guinness tiene 7 plantas y es de los más altos de la ciudad. Se veía todo desde allí, desde el Phoenix Park hasta el mar. Mi intención después de beberme la pinta era ir al Phoenix Park, pero estaba lloviendo bastante así que me fui a la calle principal y cogí un autobús. Menudo lío para que unas viejillas muy amables y que hablaban muy claro me explicaran qué autobús iba al centro. Me decían a ver si quería ir a Penneys, y yo les decía que con que me acercara a O’Connell o Grafton me servía. Al final apareció una chica y me dijo que el siguiente que venía me servía.

Y ahí que me monté yo en un autobús con los cristales todo empañados. No veía nada, así que lo mismo podría haber aparecido en Cork y yo sin darme cuenta. Bueno, cuando decidí que ya había recorrido suficiente ciudad decidí bajarme y, oh, sorpresa, me bajé justo en Temple Bar, que es donde me quería bajar. Le saqué una foto al bar ese pintado de rojo y me compré una camiseta, por tener un recuerdo de la ciudad nada más. También entré en Carroll’s camino del Burger King y me compré un parche para la mochila con la bandera de Irlanda (que ya se me está despegando y eso que lo planché ayer).

Después de repetir el menú del día anterior en el sitio del día anterior me fui a visitar el Trinity College por dentro. Claramente no pagué, me refiero a que me di una vuelta por el patio. Luego salí y quería ir a un centro de interpretación, o algo así, de los Docklands. Llegué hasta unos canales muy bonitos con sus compuertas y tal, pero no se podía llegar al centro de interpretación, por lo que me di media vuelta y cogí el bus hacia el centro.

Como no tenía nada que hacer me fui a ver la exposición del ayuntamiento que trataba de la historia de la ciudad. La verdad es que no valía los 2 euros que pagué, pero dentro hacía calor y se podía ir al baño. También vi el ayuntamiento por dentro y luego me dirigí hacia O’Connell pasando otra vez por Temple Bar, el Banco Nacional y el Ha’penny bridge (en el que me encontré un céntimo). En O’Connell me compré el Dubliners de James Joyce que había visto el día anterior y entré dentro del GPO.

Como me sobraba tiempo hasta coger el autobús, me fui a mirar tiendas de Henry St., pero sin más. Y luego ya cogí el autobús hacia la UCD. En el piso de Ariane habían comprado un abeto de los de pega y lo iban a decorar esa noche. Ya veis, en mi casa ponemos el Belén el 18 de diciembre y estas tías (Ariane se enteró a la vez que yo de lo del árbol) lo ponen el día 4 de noviembre.

Ya acabé la maleta y me fui a la parada del Aircoach. Estuve esperando media hora al Aircoach, bastante tensa la verdad, porque creo que en ese tiempo pasó uno por la autovía, pero no se salió para parar en mi parada. Yo le preguntaba a la gente a ver si habían visto parar ahí alguna vez al Aircoach y me decían que sí, porque como comprenderéis, por mucho que haya una señal, no significa que tenga que parar ahí.

Bueno, ya vino el Aircoach con el conductor más borde del mundo que ni se bajó a abrirme el maletero y me dijo que me subiera arriba la maleta. A otra pava sí que se lo abrió y no llevaba una maleta mucho más grande que la mía. Al conductor se le notaba estresado y más se le notó cunado después de sólo 2 intentos de intentar poner a mi altura el sujeta pies me dijo que parara de muy malos modos. El chico que se sentaba al otro lado del pasillo simplemente flipó. Maldito conductor de mierda.

Ya en el aeropuerto fui hacia la zona de embarque. Creo que los arcos detectores de metales estaban apagados, porque pasé con gafas, anillos, pulsera que me regaló Gorka (con muchísimo metal) y reloj y no pitó nada. Creo que el AK47 tampoco hubiera pitado.

Bueno, estuve esperando a embarcar leyendo mi nueva adquisición literaria y ya embarcamos y despegamos sin problemas y aterrizamos en Manchester. En Manchester parecía que el frío Dublinés nos había seguido. Yo estaba reventada y con el pasaporte en la mano porque esperaba que me volvieran a escanear el ojo, pero no, salí a la zona en la que la gente se da abrazos sin pasar ni siquiera por un control manual de pasaporte. Anduve por la galería esa de luces azules y llegué a la estación de tren y cogí un tren a Oxford Road en el que había un pica majísimo que contrastaba totalmente con el autobusero borde y estresado.

Llegué a casa, cené y dormí, estaba reventadísima.

Hasta aquí mis hazañas en Dublín, espero que os hayan gustado. La semana que viene voy a Leeds y probablemente haga una escapadita a York, así que ya os contaré.

Ahora sólo me queda de contaros estos 3 días en Manchester, cosa que haré un poquito más tarde.

 

Iruzkin 1

  1. PERO EL SACO QUE TAL ES???????

    pinta de guinness… con la sed que tengo ahora… el 5 de diciembre kiero una pinta!!!!


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Utzi erantzun bat

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