Emilio II

Una tarde de verano, cuando yo apenas era un polluelo, vino a la charca donde vivía un hombre que no llevaba ni katiuskas, ni peto, ni camisa a cuadros, ni gorro de paja; vamos, que no vestía como ese hombre que venía todas las mañanas a darnos de comer. El hombre extraño nos miró a [...]